Los sellos del pasaporte testimonian que el embarque ocurrió el 20 de julio de 1946, en Cádiz, en el vapor Magallanes, de seguido se asoma un visado en Cuba y, finalmente, el arribo, en fecha 10 de agosto de 1946, al aeropuerto internacional La Sabana (actual Museo de Arte Costarricense). Un único documento que revela una doble condición: la viudez de doña Rosalía Barrionuevo Castilla y la adolescencia de su hijo, Bernardo Quilis Barrionuevo.
Un par de décadas después, ella regresaría a su natal Sevilla. Él, en cambio, permaneció en esta tierra firme y tropical con un amplio repertorio de pasodobles, coplas, zarzuelas y poesías andaluzas que ofrecería al público costarricense desde un escenario, un programa de radioteatro, la incipiente televisión nacional o un encuentro cotidiano. El cante, el teatro y la elaboración de churros azucarados fueron su carta de presentación, entre otras actividades de negociante nato. Se casó con una costarricense y formó una familia.
Cuarenta y cinco años después de aquel embarque, en 1991, la iniciativa del Gobierno de España titulada “Operación “Añoranza” facilitó el reencuentro con su familia y amigos de su pueblo, junto a otras actividades oficiales que marcaron ese acontecimiento. Posteriormente, programas como el IMSERSO y el televisivo “Andaluces por el Mundo” le propició otros momentos memorables que evidenciaron los duraderos lazos culturales entre la tierra de origen y la de acogida.
Bernardo, junto a su hermano Antonio, su hermana Enriqueta y su prima “Chacha” con su esposo Miguel, son parte de las historias de la emigración española en Costa Rica, un sinnúmero de personas que se sumaron a su fuerza laboral y su configuración identitaria, al derecho a la memoria histórica.
Fuente: Rocío Quilis González
Foto: Bernardo Quilis, al centro, con el trío Los Andaluces. Década 1950.